Me gusta el futbol, pero detesto todo lo que ello conlleva. Lo comenzó en el siglo XX, como el deporte rey, y que a mediados de los 80, ya se convirtió en el opio del pueblo, va camino de ser el cáncer del siglo XXI.

Vergüenza: Turbación del ánimo, que suele encender el color del rostro, ocasionada por alguna falta cometida, o por alguna acción deshonrosa y humillante, propia o ajena.

Efectivamente, esto es lo que las personas, deberían sentir si los principios, no estuvieran empañados, por escudos de equipos de futbol.

Violento: Que se ejecuta contra el modo regular o fuera de razón y justicia.

Después de este par de definiciones, me parece realmente, asombroso, que gente de varias cadenas de televisión, y radio, continúen, dando pie, a la triste y ruin actitud de ciertos futbolistas. El violento debe pagar su falta. Sea cual sea su equipo, condición y situación e independientemente de la cantidad de galardones que tenga, y de lo mediático que sea. Así pues, sumamente indignado, con la prensa catalana, (Con la que tengo que convivir a diario), y con la madrileña, afirmo, que como la imparcialidad en el mundo de la información deportiva, ya es inexistente, cualquier, periodista deportivo, que este actualmente en activo, es culpable de:

· Faltar a la verdad.

· Faltar a la objetividad.

· Ser participes directos de la futura violencia en el futbol.

· Ser contrarios al fair play.

· Intentar buscar adeptos entre el público, para jadear la violencia en el deporte.

Posiblemente me dejo algo más, pero realmente el patetismo, ha llegado a la información deportiva. Acabaran con la información deportiva, como se acabo con la televisión “decente”, y todo por, intentar ser partidista, crearnos falsos iconos intentado confundir al pueblo llano, y ser perezosos, por que es más fácil, hablar de un codazo. Ya se el culpable, Cristiano Ronaldo, Leo Messi, David Villa, o quien sea, debe cumplir la ley con todas sus consecuencias, y no alterarlas por motivos ajenos a lo deportivo. Sino es así lo único que estamos haciendo, es condenar al futbol, y a los futbolistas del futuro.