Yo, una vez suspire. Suspire pensando que vivía en un país justo. En un lugar en el que primaba la honradez, y la justicia. En el que se escuchaba la voz de unos muchos en lugar de escuchar la de unos pocos. Suspiraba por vivir en un lugar mejor. En el que la clase política, se regía por la moral, y no por lo material. En el que los políticos, entendían, que era pagar la luz, levantarse cada día sin saber que debías afrontar, estar a pie de cañón. Suspiraba porque algún día los políticos, me entendiera, nos entendieran, supieran, que es la vida del español medio, supieran como funciona la vida del trabajador.

Suspire, hasta que un día entendí, que nada iba a cambiar, que la política no defiende a nadie, salvo a la política. Que no soy más que un número, una cifra, un pedazo de papel insulso, en el fondo de una urna. Esperaba más de la democracia, esperaba más de la clase política, esperaba más de este país. Un lugar dejado, dividido por unos recuerdos ancestrales, sucedidos en la primera mitad del siglo pasado, las dos españas, están ahora mas alejadas que nunca. Unos gritan fascistas, otos marxistas, pero ninguno reconoce culpa alguna, ni expone solución. Un gobierno que se derrumba, una oposición pasiva expectante a la caza del voto de cambio, pero ninguna solución. Ningún acto de cooperación. Ninguna mano que se estira, buscando ayuda, ni ninguna que lo haga ofreciéndola. Nada. Pasan días y acaban mandatos. Seis semanas para prometer y luego, mas nada. Jamás pensé que gente que ha vivido la represión del “tío Paco”, aborrecieran tanto la democracia.

Gracias queridos políticos, gracias por obligarnos a odiar la política, gracias por dejarnos indiferentes ante el porvenir, gracias por dejarnos perder nuestra fe en ustedes.

Y no digan que esto es mentira, porque el único partido político que ha ganado mas votos, es el Partido de la abstinencia electoral, denle los escaños que les corresponden.